Nuestro pez se caracteriza principalmente por vivir en relación simbiótica con otros grandes animales marinos (como ballenas, tiburones y mantas rayas), aprovechando su tamaño para conseguir protección, comida y una mayor velocidad en los desplazamientos y aportándoles, a su vez, cuidado y limpieza contra parásitos. Ya en la antigüedad era una especie muy conocida y bien considerada por sus propiedades mágicas. Algunos historiadores como Plinio el Viejo o Plutarco cuentan cómo la rémora adherida a un barco era capaz de frenarlo hasta el punto de que se la hace responsable de la derrota naval de la batalla de Actium, por parte de Marco Antonio. Por eso, gracias a sus poderes ralentadores se la usó también como filtro mágico contra la pérdida de amores o contra partos prematuros. De estos poderes se deriva en nuestra lengua ese sentido de algo que nos pesa, algo que arrastramos y nos demora, embarga o suspende.
Así que Rémora busca siempre ese tipo de relación con su entorno, la colaboración en lugar del aislamiento, el trabajo en grupo y el reconocimiento de la comunidad como único lugar donde el individuo es. Por eso, Rémora es un banco de peces y no nada en solitario.
Estos cuadernos son una parte de esas relaciones. A partir de las lecturas que organizamos, los concursos literarios y la presentación de autores clásicos o contemporáneos, conocidos o ignorados, intentamos que este blog sea no sólo un remanso de peces, sino también las aguas donde mirarse, la transparencia a través de la cual se puede ver el fondo marino…